La tranquilidad de saber que nuestros seres queridos están en buenas manos

En la residencia Virgen del Carmen cada día trabajamos para crear un hogar seguro y lleno de cariño para nuestros mayores. Pero nada nos alegra  más que escuchar las palabras de quienes confían en nosotros: sus familias.

 Hoy queremos compartir una reseña que ha inspirado y motivado a todo nuestro equipo:

“De estar tranquila porque sabes que tiene sus cuidados correctos, sus comidas, su medicación, siempre acompañada de gente y amigas y lo más importante es el personal que hay desde la planta -1 hasta la 2. Son excepcionales, muy buenos profesionales y un trato muy dulce con los mayores. Yo les agradezco todo lo que han hecho y están haciendo por mi madre y con las familias”

Comentarios como este nos anima a seguir mejorando, poniendo el corazón en todo lo que hacemos. Saber que nuestro esfuerzo marca una diferencia en la vida de nuestros mayores y sus familias es lo que da sentido nuestro trabajo cada día.

 En la residencia Virgen del Carmen somos conscientes que nuestra misión va más allá de los cuidados diarios, es acompañar a cada residente con respeto, cariño y  mediante una atención personalizada. 

Por eso desde este blog queremos dar las gracias de corazón a todas las familias que nos confían el cuidado de sus seres queridos. Cada día que compartimos con vosotros y con ellos nos recuerda lo importante que es caminar juntos, apoyándonos mutuamente para mejorar su calidad de vida. Vuestro cariño, comprensión y confianza son el motor que nos inspira a seguir poniendo todo nuestro esfuerzo y dedicación en cada detalle, porque nada nos importa más que ver a nuestros mayores felices, cuidados y acompañados.

María José Hernández.

Relaciones institucionales de Virgen del Carmen

Cocina con historia: cuando los sabores de siempre alimentan mucho más que el cuerpo

Cocina con historia: cuando los sabores de siempre alimentan mucho más que el cuerpo

En una residencia, la alimentación cumple una función esencial: aportar la energía y los nutrientes necesarios para mantener la salud. Pero la comida puede ofrecer mucho más que eso. Puede convertirse en un puente hacia los recuerdos, la identidad y las emociones.

Un simple plato de arroz y habichuelas o un gazpacho casero pueden despertar historias que parecían dormidas. Porque, en realidad, muchas veces no recordamos una receta… recordamos a quién nos la preparaba, el olor de la cocina o esas reuniones familiares alrededor de la mesa.

 

La comida también forma parte de quiénes somos

A lo largo de la vida, la alimentación va construyendo nuestra historia personal. Las recetas tradicionales, los sabores de la infancia o incluso la forma de cocinar determinados platos forman parte de nuestra cultura, de nuestra familia y de nuestra identidad.

En las personas mayores, especialmente en aquellas que viven en una residencia, mantener esa conexión con sus raíces puede tener un gran valor emocional. Adaptarse a un nuevo entorno no siempre es sencillo, y recuperar sabores conocidos puede aportar seguridad, bienestar y sensación de pertenencia.

El poder emocional de las recetas de toda la vida

Los platos tradicionales tienen la capacidad de activar la memoria emocional. Un aroma familiar puede trasladar a una persona a su infancia, a celebraciones familiares o a momentos importantes de su vida.

Esto puede resultar especialmente valioso en personas con deterioro cognitivo o demencia, donde los recuerdos recientes pueden verse afectados, pero la memoria emocional suele permanecer durante más tiempo.

A través de la cocina, podemos abrir conversaciones, fomentar la comunicación y ayudar a que cada persona siga conectada con su historia.

Cocinar también es cuidar

En la residencia Virgen del Carmen, somos conscientes que incorporar recetas tradicionales no significa dejar de lado la nutrición o las adaptaciones necesarias. Significa encontrar el equilibrio entre el cuidado clínico y el cuidado emocional.

Un puré puede recordar a una crema casera de verduras de toda la vida. Un plato de fácil masticación puede mantener el sabor del guiso tradicional. Una adaptación de textura no tiene por qué perder su esencia.

Cuando respetamos los gustos, costumbres y recuerdos asociados a la comida, estamos ofreciendo una atención más humana y personalizada.

Envejecer no debería significar perder aquello que nos conecta con nuestra esencia. A veces, conservar la identidad puede empezar con algo tan sencillo —y tan poderoso— como volver a saborear un plato de toda la vida.

LA CERCANÍA: el valor humano que marca la diferencia en Residencia Virgen del Carmen

 

LA CERCANÍA: el valor humano que marca la diferencia en Residencia Virgen del Carmen

En el cuidado de las personas mayores, hay aspectos que van mucho más allá de la atención sanitaria o de las instalaciones. Elementos como la empatía, la escucha activa o el trato cercano son, en muchas ocasiones, los que verdaderamente transforman la experiencia de residentes y familiares.

En Residencia Virgen del Carmen entendemos que la cercanía no es solo una cualidad deseable, sino un pilar fundamental sobre el que construimos nuestro día a día.

Desde el primer momento en que una persona llega a nuestro centro, sabemos que comienza una etapa de cambio importante. No solo para el residente, sino también para su entorno familiar. Por eso, nuestro equipo trabaja con un objetivo claro: que tanto la persona mayor como sus seres queridos sientan que han llegado a un lugar donde serán comprendidos, respetados y acompañados con calidez.

La adaptación a una residencia es un proceso delicado. Cada persona tiene su historia, sus costumbres, sus miedos y sus expectativas. En este sentido, la cercanía en el trato nos permite conocer en profundidad a cada residente, respetar su identidad y diseñar una atención verdaderamente centrada en la persona. No se trata solo de cubrir necesidades básicas, sino de ofrecer un acompañamiento emocional que favorezca la confianza y el bienestar.

Este enfoque cercano tiene un impacto directo en la calidad de vida del residente. Cuando una persona se siente escuchada, valorada y tratada con cariño, su nivel de adaptación mejora notablemente. Se reducen los sentimientos de ansiedad o desorientación, y se favorece una mayor participación en las actividades y en la vida social del centro. En definitiva, se crea un entorno donde la persona puede seguir desarrollándose y manteniendo su autonomía en la medida de lo posible.

Pero la cercanía no se limita únicamente a la relación con el residente. Las familias también forman parte esencial de nuestro proyecto. Sabemos que tomar la decisión de ingresar a un ser querido en una residencia no es fácil. A menudo viene acompañada de dudas, emociones intensas e incluso sentimientos de culpa. Por eso, ofrecemos un trato cercano, transparente y constante con los familiares, facilitando la comunicación y haciéndoles partícipes del proceso de cuidado.

Nuestro equipo técnico y asistencial mantiene una relación fluida con las familias, informando de la evolución del residente y estando disponibles para resolver cualquier inquietud. Esta confianza mutua permite que los familiares puedan delegar con tranquilidad parte de la responsabilidad del cuidado, aliviando su carga emocional y sintiendo que su ser querido está en buenas manos.

En Residencia Virgen del Carmen creemos firmemente que esta cercanía es lo que nos distingue. No es un añadido, sino la esencia de nuestra forma de trabajar. Cada gesto, cada conversación y cada decisión está guiada por el respeto, la dignidad y el compromiso con una atención de calidad.

Además, este modelo de atención centrada en la persona refuerza el vínculo entre profesionales, residentes y familias, creando una auténtica comunidad. Un espacio donde se comparten experiencias, donde se celebra la vida en cada etapa y donde el cuidado se entiende como un acto profundamente humano.

La confianza que depositan las familias en nosotros es una gran responsabilidad, y también un orgullo. Por eso, seguimos apostando cada día por mantener esa cercanía que convierte nuestro centro en un hogar. Porque cuidar no es solo atender, es acompañar, comprender y estar presentes.

En definitiva, la cercanía en el trato no solo mejora la adaptación del residente y su bienestar, sino que también transforma la experiencia de las familias. Es el puente que conecta el cuidado profesional con el cariño cotidiano, y el motor que nos impulsa a seguir ofreciendo un servicio basado en la excelencia y la humanidad.

En Residencia Virgen del Carmen, creemos que cuando una persona se siente como en casa, todo cambia. Y esa es, sin duda, nuestra mayor misión.

 

Un cordial saludo,

José Miguel Marín Murcia

 

Prevención de úlceras por presión en personas mayores

 

Prevención de úlceras por presión en personas mayores

Las úlceras por presión, también conocidas como UPP, son uno de los problemas más frecuentes en el cuidado de personas mayores con movilidad reducida. Se trata de lesiones en la piel y en los tejidos subyacentes que aparecen como consecuencia de una presión prolongada sobre determinadas zonas del cuerpo. Aunque a primera vista pueden parecer inevitables en personas encamadas o con poca movilidad, lo cierto es que una gran parte de estos casos se puede prevenir con cuidados adecuados y constantes.

Entre todas las medidas preventivas, una de las más importantes —y a la vez más sencillas— es algo tan básico como cambiar de postura con regularidad.

 

Cuando una persona permanece mucho tiempo en la misma posición, especialmente si está encamada o pasa muchas horas sentada en una silla o sillón, ciertas áreas del cuerpo soportan una presión continua. Esto ocurre principalmente en zonas donde los huesos están más cerca de la superficie de la piel, como el sacro, los talones, las caderas, los codos o los omóplatos. Con el paso del tiempo, esta presión mantenida dificulta la circulación sanguínea en esos puntos, reduciendo el aporte de oxígeno y nutrientes a los tejidos. Como consecuencia, la piel comienza a debilitarse, pudiendo aparecer enrojecimiento, lesiones superficiales e incluso heridas profundas si no se actúa a tiempo.

Además de la presión, existen otros factores que pueden aumentar el riesgo de desarrollar UPP, como la humedad (por sudoración o incontinencia), la fricción al movilizar al paciente, una nutrición deficiente o determinadas enfermedades que afectan a la circulación. Por ello, la prevención debe abordarse de manera integral, combinando varias estrategias de cuidado diario.

Aquí es donde los cambios posturales adquieren un papel fundamental. No se trata únicamente de mover al paciente por rutina o por cumplir un horario, sino de redistribuir la presión de forma eficaz para proteger la integridad de la piel. Cada cambio de posición permite aliviar las zonas que han estado sometidas a carga y favorece la recuperación de la circulación. Como norma general, se recomienda realizar cambios posturales cada dos o tres horas en personas encamadas, aunque esta frecuencia puede variar en función del estado general, el nivel de riesgo y las indicaciones de los profesionales sanitarios. En personas que permanecen sentadas, es aconsejable realizar ajustes posturales más frecuentes, incluso cada hora si es posible.

Existen varias posiciones que pueden utilizarse de forma alterna a lo largo del día. El decúbito supino (boca arriba) es el más habitual, pero no debe mantenerse durante periodos prolongados sin variaciones. El decúbito lateral, tanto derecho como izquierdo, resulta especialmente útil para descargar zonas clave como el sacro y repartir el peso hacia los laterales del cuerpo. También está el decúbito prono (boca abajo), menos común en el ámbito domiciliario pero beneficioso en situaciones concretas bajo supervisión.

Para que los cambios posturales sean realmente efectivos, es importante realizarlos de forma correcta, utilizando almohadas o cojines que ayuden a mantener la postura y eviten puntos de presión adicionales. Asimismo, es fundamental observar el estado de la piel a diario, prestando atención a posibles enrojecimientos o cambios de coloración que puedan indicar un inicio de lesión.

En la residencia Virgen del Carmen somos conscientes que incorporar estos cambios a la rutina diaria no solo contribuye a prevenir lesiones, sino que también mejora el confort, reduce el dolor y aumenta la calidad de vida de la persona mayor. En el ámbito de los cuidados geriátricos, pequeños gestos como este tienen un impacto enorme, demostrando que la constancia y la atención a los detalles marcan una gran diferencia en el bienestar de quienes más lo necesitan.

 

Elegir es ser: La ética de devolver la voz a quien ha recorrido el camino

Un verano que deja huella: la experiencia de Nacho como voluntario en la residencia Virgen del Carmen

Elegir es ser: La ética de devolver la voz a quien ha recorrido el camino

A menudo, cuando pensamos en el cuidado de las personas mayores, nuestra mente se llena de imágenes de asistencia, de protocolos, de medicación y de higiene. Pero quienes trabajamos día a día en la Educación Social en este centro, sabemos que detrás de cada historia clínica, de cada diagnóstico y de cada rutina institucional, late algo mucho más profundo: una biografía completa.

 

El riesgo del «cuidado» absoluto

Cuidar de nuestros mayores, supone entender que ser persona es, fundamentalmente, ser capaz de elegir. Supone conceder a nuestros residentes la capacidad de decisión incluso en las cosas más pequeñas.

Éticamente, la labor de los profesionales que trabajamos en este sector no sólo pasa por garantizar el bienestar físico, social y emocional; si no que supone tener un objetivo común que es garantizar el bienestar del «yo». Y el «yo» solo se mantiene vivo a través de la elección.

El poder de lo pequeño

Así, la dignidad de nuestros mayores no se juega solo en las grandes decisiones existenciales. Se juega en los matices.

  • Elegir si quiero tomar zumo o agua.
  • Elegir si quiero ponerme la camisa azul que me recuerda a mi juventud o el jersey cómodo.
  • Elegir si hoy quiero participar en la actividad de la tarde o quedarme mirando por la ventana, escuchando mis propios pensamientos.
  • Elegir la estética de su habitación. Qué fotos quiere colgar. Qué objetos quiere tener a la vista (Un reloj de pared, un rosario, un libro concreto).
  • Elegir la compañía directa. Al lado de quién me quiero sentar en el salón…
  • Elegir el tipo de actividades que más les gustan o que se podrían añadir al repertorio.

 Como educadores sociales, sabemos que a veces, cuando hay deterioro cognitivo, dar demasiadas opciones puede generar ansiedad. La técnica ética aquí es simplificar la elección:

En lugar de preguntar «¿Qué quieres hacer?», preguntar: «¿Prefieres participar en la actividad o quedarte en el jardín?».

El mensaje final que enviamos al residente con cada una de estas elecciones es:

«Tu opinión modifica tu entorno. Lo que tú decides, sucede. Por lo tanto, tú sigues teniendo peso en este mundo».

«El Decálogo de la Pequeña Elección»

Para llevar esta reflexión a nuestro quehacer diario, he destilado nuestro compromiso profesional en este ‘Decálogo de la Pequeña Elección’. No se trata de un manual de instrucciones rígido, sino de una brújula ética para que nunca olvidemos que, detrás de cada rutina, nuestra labor más valiosa es proteger la soberanía de quien, día a día, nos confía su historia.»

  1. Pregunta antes de hacer: «¿Te gustaría que te ayude a…?» (en lugar de hacerlo directamente).
  2. Ofrece dos opciones: «¿Prefieres X o Y?» (reduce la ansiedad y fomenta la decisión).
  3. Valida el ‘No’: Si dicen que no, agradece su honestidad.
  4. Escucha el silencio: A veces el silencio es una elección.
  5. Respeta el ritmo: Si tardan más en elegir, ese tiempo es suyo, no nuestro.
  6. Pregunta por su pasado: Saber qué elegían antes nos ayuda a saber qué prefieren ahora.
  7. Fomenta la crítica: Sus quejas son muestras de vitalidad.
  8. Trátalos como a un igual.
  9. El poder del nombre: Pregunta siempre cómo quieren ser llamados. ¿Don/Doña? ¿Por su nombre? ¿Por un apodo cariñoso de su infancia? El nombre es la primera elección de identidad.
  10. El espacio es suyo: Antes de entrar en su habitación, llama a la puerta y espera a que digan «pasa». Es su hogar, no nuestra oficina. Ese pequeño acto de pedir permiso devuelve la propiedad del espacio al residente.

De esta manera, cada vez que un residente decide, está reafirmando su existencia. Está diciendo: «Aquí estoy, sigo siendo yo, sigo teniendo preferencias, deseos y voluntad». Como profesionales, nuestra mayor victoria ética no es tener a todos los residentes perfectamente alineados y sin incidentes; nuestra mayor victoria es que cada uno de ellos, al final del día, pueda sentir que ha vivido el día que él ha elegido, no el que le ha sido impuesto.

El acompañamiento, no la dirección

Desde el ámbito de la Educación social, entendemos que el trabajo en la vejez es un acto de humildad. Es acompañar, no dirigir. Es escuchar más de lo que hablamos. Es comprender que la autonomía no es un interruptor que se apaga al cumplir cierta edad o al entrar en un centro.La autonomía es una llama que debemos proteger y avivar cada mañana. Incluso cuando la capacidad cognitiva disminuye, el deseo permanece. La persona puede olvidar qué día es hoy, pero sigue sintiendo la diferencia entre lo que le gusta y lo que no. Identificar esa chispa, validarla y respetarla es el núcleo de nuestra ética profesional.

Un compromiso diario

Así, elegir es un derecho humano, y en un entorno residencial, debemos convertirlo en nuestra prioridad política y pedagógica. Si queremos ser un verdadero hogar, debemos aceptar que el hogar es el lugar donde uno es libre de ser quien es.

Sé que no siempre es fácil. Existen normas y la convivencia y la vida en grupo a veces colisionan con el deseo individual. Pero ahí es donde debemos marcar la diferencia: negociando, buscando alternativas y, sobre todo, poniendo siempre a la persona en el centro.

Al final del camino, lo único que realmente nos pertenece es nuestra historia. Y nuestra historia es la suma de nuestras decisiones. Nuestro deber, como profesionales de la Residencia Virgen del Carmen siempre será dar el espacio, el tiempo y el respeto necesarios a nuestros residentes para que ellos sigan siendo, hasta el último momento, los protagonistas de su propia vida.

 

Un verano que deja huella: la experiencia de Nacho como voluntario en la residencia Virgen del Carmen

Ingreso en un residencial de una persona con deterioro cognitivo

Ingreso en un centro residencial de una persona con deterioro cognitivo

Desde el área de Trabajo Social de la residencia, consideramos fundamental ofrecer información clara y accesible a las familias sobre los procesos que pueden surgir cuando una persona presenta un deterioro cognitivo, como ocurre en situaciones de demencia u otras patologías similares.

 

¿Qué entendemos por internamiento no voluntario?

El internamiento no voluntario es una medida legal que se aplica cuando una persona no puede decidir por sí misma sobre su ingreso en un centro residencial debido a un deterioro cognitivo o una alteración de sus capacidades mentales.

En estos casos, la persona no puede otorgar un consentimiento, por lo que el ingreso se realiza priorizando su protección, bienestar y seguridad, siempre bajo supervisión judicial.

¿Cómo se procede en la práctica?

En muchas ocasiones, las familias llegan a la residencia con una gran preocupación: saben que su familiar ya no puede tomar decisiones por sí mismo, pero les genera temor no saber cómo actuar o si están haciendo lo correcto.

Habitualmente, la autorización de internamiento no voluntario se solicita una vez que la persona ya ha ingresado en la residencia. Tras el ingreso, el equipo profesional realiza una valoración completa:

  • La trabajadora social, junto con el equipo médico y la dirección del centro, evalúan la situación global de la persona.
  • Se valora especialmente su capacidad cognitiva y de decisión.
  • Si se determina que la persona no tiene capacidad para consentir su estancia, se inicia el procedimiento legal.

Posteriormente, es la propia residencia quien, a través de estos profesionales, solicita ante la sede judicial la autorización de internamiento no voluntario, aportando los informes necesarios que justifican la medida.

Supervisión y garantías

Este procedimiento no es definitivo sin revisión. La situación de la persona es supervisada periódicamente y el internamiento no voluntario se revisa cada 6 meses por la autoridad judicial, garantizando así que la medida sigue siendo adecuada y necesaria.

Nuestro acompañamiento

Desde Trabajo Social acompañamos a las familias durante todo este proceso, resolviendo dudas, ofreciendo apoyo emocional y facilitando la comprensión de cada paso.

 

La visita de Nazarenos y Sardineros llenan de vida y recuerdos nuestro centro

En nuestro centro creemos firmemente que la alegría, la tradición y la emoción no tienen edad… y, además, ¡nos gustan las fiestas!

Por eso, durante fechas tan señaladas como la Semana Santa y las Fiestas de Primavera, nos encanta acercar a nuestros residentes a los protagonistas de estas celebraciones tan especiales.

 

A lo largo de estos días, nuestro centro se llena de vida con la visita de figuras representativas y elementos tradicionales que forman parte de estas fiestas: desde cofrades y nazarenos que evocan la solemnidad de la Semana Santa, hasta la alegría y el color de las Fiestas de Primavera, con sus trajes típicos, música y ambiente festivo.

Estas experiencias permiten a nuestros mayores revivir recuerdos, compartir historias y seguir conectados con sus tradiciones. La emoción que se genera en cada encuentro es única: miradas llenas de nostalgia, sonrisas sinceras y conversaciones que nos transportan a otros tiempos, pero que se viven con la misma intensidad en el presente.

Además, estas actividades fomentan la participación activa, el bienestar emocional y el sentimiento de pertenencia. Convertimos cada visita en una oportunidad para disfrutar juntos, fortalecer vínculos y mantener viva la esencia de nuestras costumbres.

Queremos agradecer especialmente a los Nazarenos de Hospital y al grupo sardinero Neptuno por haber compartido con nosotros momentos inolvidables y por formar parte de esta gran familia de Virgen del Carmen.

En definitiva, en nuestra residencia seguimos apostando por crear momentos especiales, donde las tradiciones cobran vida y nuestros residentes se convierten en los verdaderos protagonistas. Porque celebrar nuestras raíces —y hacerlo con alegría— es también una forma de seguir viviendo con ilusión.

 

CUIDAR CON VOCACIÓN: LA IMPORTANCIA DE LA ENFERMERÍA EN UNA RESIDENCIA

CUIDAR CON VOCACIÓN: LA IMPORTANCIA DE LA ENFERMERÍA EN UNA RESIDENCIA

Trabajar como enfermera en una residencia no es solo desempeñar una profesión sanitaria, es acompañar, escuchar y cuidar a personas en una etapa de la vida en la que la atención y el cariño son fundamentales.

 Cada día, nuestro trabajo va más allá de realizar curas u organizar medicación. Nuestro trabajo implica fijarse en los pequeños detalles, prevenir complicaciones y, sobre todo ofrecer seguridad y tranquilidad tanto a los residentes como a sus familias. La confianza que depositan en nosotros es uno de los pilares más importantes de nuestra labor.

En la residencia Virgen del Carmen, la atención del departamento de enfermería es integral. No solo nos centramos en la salud física, sino también en el bienestar emocional. Una conversación, una sonrisa o un gesto de cercanía pueden marcar una gran diferencia en el día a día de una persona mayor.

Además, colaboramos estrechamente con auxiliares, médicos y otros profesionales para asegurar una atención adaptada a cada persona. Cada residente es diferente, con su propia historia, necesidades y preferencias, y nuestro propósito es respetarlas y ajustarnos a ellas.

La labor de enfermería en este ámbito exige una gran dosis de empatía, paciencia y dedicación. Estamos presentes en momentos complicados, pero también compartimos los progresos, las mejorías y esos pequeños logros que tienen un gran significado.

Es fundamental mantener una comunicación constante con las familias, informándolas sobre la evolución de sus seres queridos y resolviendo sus dudas. La escucha activa y la sensibilidad ante cada situación nos permiten ofrecer un cuidado más completo y respetuoso.

Cuidar es, en esencia, un acto de humanidad. Y en una residencia, cada día se nos brinda la oportunidad de ponerlo en práctica.

El Técnico de Farmacia en una Residencia: Un Pilar en el Cuidado de los Residentes

El Técnico de Farmacia en una Residencia: Un Pilar en el Cuidado de los Residentes

En el entorno de las residencias para personas mayores, el técnico de farmacia juega un papel crucial, especialmente para aquellos que requieren tratamientos farmacológicos continuos. Su función va más allá de simplemente entregar medicamentos: se encarga de velar por la seguridad, eficacia y correcta administración de los mismos, trabajando codo a codo con otros profesionales de la salud.

Funciones clave del técnico de farmacia en una residencia

El técnico de farmacia no solo se ocupa de la distribución de los medicamentos, sino que también realiza un seguimiento exhaustivo para asegurar que todo el proceso se realice de forma segura y organizada. Entre sus principales responsabilidades se incluyen:

  1. Organización y distribución de la medicación según las pautas establecidas para cada residente.
  2. Gestión del almacenamiento adecuado de los fármacos, asegurándose de que las condiciones sean las óptimas para su conservación.
  3. Control de caducidades y revisión constante de la vida útil de los medicamentos.
  4. Gestión del inventario de medicamentos, manteniendo un registro preciso para evitar desabastecimientos.
  5. Colaboración continua con el equipo médico y de enfermería para garantizar que los pacientes reciban los tratamientos más adecuados y seguros.

La seguridad farmacológica: Un aspecto prioritario

En una residencia, los pacientes suelen estar bajo polimedicación, lo que hace necesario un control exhaustivo de la administración de medicamentos. La seguridad de la medicación es clave, y para ello se deben seguir protocolos estrictos:

  • Verificar la medicación antes de administrarla para evitar errores.
  • Mantener registros detallados y actualizados sobre las medicinas que toma cada residente.
  • Monitorear las posibles interacciones entre medicamentos y ajustar los tratamientos si es necesario.
  • Asegurarse de la correcta conservación de los fármacos, de acuerdo con las indicaciones para cada tipo de medicamento.

La importancia del técnico de farmacia en la prevención de errores

En la residencia Virgen del Carmen somos conscientes de que el  técnico de farmacia es un elemento esencial en la prevención de errores relacionados con la medicación, contribuyendo de manera significativa a la seguridad y salud de los residentes. Su atención al detalle, conocimiento y coordinación con el resto del personal sanitario son fundamentales para el correcto funcionamiento del servicio.

LA IDENTIDAD EN LA TERCERA EDAD

La identidad en la Tercera Edad

Durante nuestra vida, la identidad suele construirse alrededor de lo que hacemos. Somos profesores/as, sanitarios/as, comerciantes, padres, madres, etc. Somos quiénes trabajan, producen y sostienen.

Cuando nos hacemos mayores, las capacidades se transforman, conllevando en la mayoría de las ocasiones una pérdida de autonomía. Dejamos de poder hacer y muchas de estas definiciones empiezan a desaparecer.

La identidad que nos ha acompañado toda la vida deja de ocupar ese lugar central, suponiendo una pérdida y por tanto un duelo, no solo a nivel funcional, también desde una perspectiva mucho más personal, íntima e identitaria ¿Quiénes somos cuándo dejamos de producir?

Tendemos a olvidar que la identidad humana es mucho más compleja que la suma de nuestras funciones sociales. Durante la vida, también somos todo aquello que permanece cuando los roles cambian. Somos la forma en la que entendemos el mundo, los valores que nos guían, el carácter que hemos construido y la manera en la que miramos a los demás.

En esta última etapa, en la que los roles desaparecen y las ocupaciones dejan de definirnos, lo que somos cuando dejamos de poder hacer cobra un papel fundamental dentro de la identidad. En este momento emergen otras formas de ser, las que tienen que ver con quiénes somos y qué defendemos, la identidad de la historia vivida y de las experiencias acumuladas.

Llegar a esta etapa de la vida conlleva reconfigurar la forma en la que te has definido durante décadas. Esta transición resulta más amable cuando, a lo largo de la vida adulta, te has cultivado, reflexionado y comprometido con el tipo de persona que quieres ser, los principios que deseas sostener y la forma en la que eliges relacionarte con los demás.

Como acompañantes de una persona en esta etapa de la vida, tenemos la oportunidad y responsabilidad de mirar más allá de las limitaciones y pérdidas que aparecen con la edad. Es inevitable que la atención se dirija a las necesidades de esa persona, pero es imprescindible que nos detengamos a escuchar y observar de forma profunda y respetuosa, como la persona única que es y el valor individual e irrepetible que tiene y merece.

Andrea Victoria Montoya, psicóloga.