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Fisioterapia frente a la sarcopenia

 

La fuerza es uno de los pilares de la autonomía. Nos permite levantarnos de una silla, caminar con seguridad, subir un escalón, mantener el equilibrio o simplemente realizar las actividades más cotidianas. Sin embargo, con el paso de los años puede aparecer la sarcopenia, una enfermedad caracterizada por la pérdida progresiva de fuerza y función muscular que aumenta el riesgo de caídas, dependencia, hospitalizaciones y disminución de la calidad de vida. Hoy sabemos que perder fuerza no debe entenderse como una consecuencia inevitable del envejecimiento, sino como una situación que puede prevenirse, detectarse precozmente y tratarse.

 

Durante años se pensó que el principal problema era la pérdida de masa muscular. Sin embargo, la investigación científica ha demostrado que la fuerza muscular es el factor que mejor predice la capacidad funcional de una persona mayor. En otras palabras, dos personas pueden tener una cantidad de músculo similar y, sin embargo, presentar niveles de independencia muy diferentes. Por ello, el objetivo del tratamiento no consiste únicamente en aumentar el músculo, sino en conseguir que la persona vuelva a moverse con seguridad, confianza y la mayor autonomía posible.

En este proceso, la fisioterapia desempeña un papel fundamental. El ejercicio terapéutico, especialmente el trabajo de fuerza adaptado a las capacidades de cada persona, es la intervención que ha demostrado ofrecer los mejores resultados. Pero el éxito del tratamiento no depende solo de realizar ejercicios, sino de adaptarlos al estado funcional, las enfermedades asociadas, el dolor, el equilibrio, la capacidad cognitiva y los objetivos personales de cada mayor. Esa individualización permite progresar de forma segura y eficaz, favoreciendo mejoras reales en la movilidad y en las actividades de la vida diaria.

No obstante, existen situaciones en las que el dolor, la rigidez articular, el miedo al movimiento o determinadas patologías dificultan la participación activa en el ejercicio. En estos casos, la fisioterapia dispone de herramientas complementarias como la terapia manual, las movilizaciones articulares, la termoterapia o determinadas modalidades de electroterapia que pueden ayudar a disminuir las molestias y facilitar el movimiento. Estas técnicas no sustituyen al ejercicio; su verdadero valor consiste en preparar a la persona para que pueda aprovechar al máximo el entrenamiento funcional, que continúa siendo el tratamiento con mayor respaldo científico.

La recuperación de la fuerza tampoco depende únicamente de las sesiones de fisioterapia. La evidencia actual pone de manifiesto que los mejores resultados se obtienen cuando existe una actuación coordinada entre fisioterapeutas, personal de enfermería, gerocultores, terapeutas ocupacionales, médicos, nutricionistas y familias. Favorecer que la persona participe en las transferencias, estimular pequeños paseos, evitar periodos prolongados de inmovilidad, mantener una alimentación adecuada con un aporte adecuado de proteínas y fomentar la participación en las actividades de la vida diaria son pequeños gestos que, sumados al ejercicio terapéutico, contribuyen a preservar la fuerza y la independencia.

Este enfoque adquiere todavía más importancia en las personas con deterioro cognitivo. Adaptar los ejercicios a sus capacidades, integrar el movimiento dentro de las rutinas diarias y utilizar actividades funcionales permite mantener durante más tiempo la movilidad y la autonomía. En estos casos, la colaboración de todo el equipo asistencial y de las familias resulta esencial para que el trabajo realizado durante las sesiones de fisioterapia tenga continuidad a lo largo del día.

En definitiva, la fisioterapia geriátrica no consiste únicamente en fortalecer músculos. Su objetivo es ayudar a que cada persona pueda seguir levantándose, caminando, participando en su entorno y disfrutando de la mayor independencia posible. La fuerza es el puente que conecta la capacidad física con la autonomía, y cada movimiento que una persona conserva, supone una oportunidad más para seguir viviendo con calidad de vida.

Pedro Ortega Pagán, fisioterapeuta Virgen del Carmen