MÁS ALLÁ DE RECEPCIÓN.
Si alguien me preguntara sobre mis funciones como recepcionista, probablemente mencionaría varias de ellas, pero para mí ser recepcionista en una residencia de personas mayores es mucho más que un simple trabajo administrativo y me gustaría contarles por qué.
La primera sonrisa.
El rol de la recepción en una residencia es fundamental para poder garantizar su buen funcionamiento del día a día puesto que somos la primera línea de contacto.
Me gusta recibir a cada persona con una sonrisa. Creo que un gesto amable puede transformar la experiencia de alguien que pueda llegar desorientado o preocupado a que será atendido y escuchado. Mi objetivo es que, desde el primer momento, sientan que pueden confiar en mí para resolver cualquier duda o, al menos, para guiarlos hacia quien pueda hacerlo.
Creando vínculos.
La recepción es la puerta de entrada al hogar de nuestros residentes. Por ella pasan hijos, nietos, amistades y familiares.
En muchos momentos, los familiares llegan cargados de emociones: alegría por el reencuentro, preocupación por la salud de su ser querido, ilusión por una buena noticia o, en ocasiones, incertidumbre. En cualquiera de las situaciones, intento ofrecer mi ayuda con una palabra de aliento o simplemente con una escucha activa o, si es necesario, orientarles hacia el profesional adecuado para que puedan recibir la información y el apoyo que necesitan.
La constancia en el trato diario, intercambiar una sonrisa al entrar o salir del centro, servirles de guía o compartir palabras, aunque solo nos veamos brevemente, va construyendo una relación que crea un vínculo especial basada en la cercanía y que se va fortaleciendo con el tiempo.
Un tiempo para los mayores.
Y, por último, la labor sin duda más importante y entrañable para mí: hacer de recepción un espacio para dedicarle tiempo a los residentes.
Para nuestros mayores, ingresar en una residencia no siempre es un paso fácil. Para muchos supone dejar atrás su casa de toda la vida, sus rutinas, sus vecinos. Supone adaptarse a un nuevo entorno y a una forma diferente de organizar el día. Aunque sea una decisión necesaria y beneficiosa, el cambio puede generar inseguridad o nostalgia.
Es por ello, que mi objetivo es transmitirles que recepción es un lugar seguro y cercano donde poder compartir sus inquietudes. Y ofrecerles, aunque sea por unos minutos, un oído atento o una sonrisa que les aporte tranquilidad.
Pero la recepción no es solo un espacio para los momentos de inseguridad. También es un lugar para compartir lo positivo.
A menudo se acercan para contarme algo bonito que les ha pasado durante el día, para darnos los buenos días o me hablan de una actividad que han disfrutado. Otros vienen orgullosos a enseñarme un dibujo recién terminado o a contarme un recuerdo que le vino a la mente.
Son esos pequeños gestos los que transforman un lugar en un hogar. Y, sin duda, esa es mi parte favorita de mi trabajo como recepcionista, hacer que se sientan en casa.
Gloria Martínez, recepcionista de la Residencia Virgen del Carmen.